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Viernes, 19 de julio de 2019 | Leída 23 veces

Solo uno de cada cinco de los jóvenes menores de 30 años se ha emancipado en España

La posición de los jóvenes ante el mercado de trabajo experimentó una notable mejoría en 2018, dado que se produjo un incremento del empleo y una disminución paralela de la temporalidad, el subempleo y las jornadas a tiempo parcial. Sin embargo, ese año cerró con la menor proporción de jóvenes emancipados en España en la última década: solo un 19% de personas entre 19 y 29 años residen fuera de su hogar familiar...

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Esta última cifra, recogida en el nuevo informe del Observatorio de Emancipación Juvenil (OBJOVEM) que realiza el Consejo de la Juventud de España, es aún más baja en cinco comunidades autónomas -Andalucía, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura y País Vasco-, donde la proporción no alcanzó ni el 17% en el cuarto trimestre de 2018.

 

No es que en este año se haya producido un desplome repentino de la autonomía residencial de la población joven española, precisa el estudio, sino que culmina un proceso que arrancó en 2009 y que ha ido prolongándose hasta la actualidad. La proporción de jóvenes estuvo aumentando año tras año entre 2001 y 2008, pero inmediatamente después empezó a disminuir hasta regresar a cotas semejantes a las de mediados de la década de los noventa. 

 

Aumenta el empleo entre los jóvenes

El informe del OBJOVEN revela, por el contrario, que por primera vez desde el cuarto trimestre de 2010 la proporción de jóvenes que está trabajando supera el umbral del 40% al cierre de un año, consolidándose así el significativo crecimiento que se venía observando desde mediados de 2016.

 

El aumento interanual del empleo del cuarto trimestre de 2018 entre las personas de 16 a 29 años ha sido superior al que se ha producido en los demás grupos de edad y ha ido acompañado de una disminución de la temporalidad.

 

No obstante, desde el Consejo de la Juventud advierten de que estas cifras, a priori positivas, no deben esconder que la temporalidad entre la población joven sigue siendo muy elevada, especialmente si se compara con la de la población joven-adulta (30-34 años), con la de población con más de 35 años o con los registros de hace de cuatro o más años atrás.

 

A finales de 2018, el 55,5% de la población joven asalariada en España tenía contratos temporales, casi diez puntos más que en el mismo trimestre de 2010 (45,8%).

 

La temporalidad entre la población joven registró las máximas cotas, por encima del 60%, en Andalucía, Cantabria, Extremadura, la Región de Murcia y el País Vasco. En el mejor de los escenarios (Illes Balears, Cataluña y la Comunidad de Madrid), no bajaba del 46%.

 

Además, la creación de empleo entre la población joven no se ha producido de forma paritaria, sino que ha tenido una mayor incidencia entre el colectivo masculino. En el cuarto trimestre de 2010 la tasa de empleo de las mujeres y los hombres de 16 a 29 años era muy parecida (42,0% y 43,0%, respectivamente), pero en el cuarto trimestre de 2018 esta convergencia se ha desvanecido, puesto que trabajan el 38,8% de las mujeres jóvenes y el 42,6% de los hombres jóvenes.

 

Por otro lado, el informe detalla que el trabajo a tiempo parcial, aunque ha perdido protagonismo en comparación con 2017, continúa siendo mucho más frecuente que antes de la crisis que estalló en 2008 y, muy en especial, entre las mujeres jóvenes. 

 

La emancipación aumenta la vulnerabilidad socioeconómica

Sin embargo, a pesar de que la posición de los jóvenes en el mercado de trabajo mejoró en 2018, la situación de las personas entre 16 y 29 años sigue siendo frágil. 

 

Lo demuestra otro de los datos relevantes que se desprenden del mencionado informe: el abandono del domicilio familiar hace que los jóvenes tengan más probabilidad de encontrarse en situaciones de vulnerabilidad económica y social.

 

El salario medio que percibe una persona joven apenas ha variado, moviéndose alrededor de los 11.000 euros netos anuales (poco más de 900 euros al mes) y esto, sumado al incremento de precios que están registrando los alquileres en el mercado libre (un 10,99% en apenas un año), lastra las opciones de abandonar el hogar familiar de muchas personas jóvenes.

 

Una persona joven asalariada en España tendría que dedicar casi la totalidad de su salario, el 91,2%, al pago mensual de un alquiler, obviando el resto de gastos que conlleva hacerse cargo de una vivienda.

 

Por el contrario, en el supuesto de comprar una vivienda libre mediante un préstamo hipotecario estándar, el esfuerzo económico inicial se reduciría hasta el 59,7% de su sueldo neto. Pero esta diferencia no debe confundir, ya que el informe recalca que las vías de obtención de una hipoteca son “impracticables para la mayoría de las personas jóvenes” ya que, por un lado, los jóvenes previamente tendrían que aportar unas garantías y unos ahorros que suelen estar fuerza de su alcance. Y, por otro lado, supondría destinar el 59,7% del sueldo solo a abonar la primera mensualidad de una cuota hipotecaria, lo que superaría con creces el 30% que se considera como máximo tolerable.

 

En cualquier caso, el alquiler ha perdido algo de terreno como fórmula mayoritaria de tenencia de las viviendas entre la población emancipada de 16 a 29 años en España. Si en 2017 el 60,6% de las personas jóvenes emancipadas vivía de alquiler, en 2018 lo hacía el 59,2%.

 

Un aspecto llamativo es que el retroceso del alquiler no se ha traducido en un movimiento hacia la propiedad, sino hacia una modalidad que tiempo atrás era casi anecdótica, como la cesión de viviendas. Según el OBJOVEN, que a su vez se basa en datos de la Encuesta Continua de Hogares (ECH), dos de cada cien personas emancipadas de 16 a 29 años residen en viviendas cedidas.

 

Solo el 15,6% de los jóvenes emancipados vive en solitario

Otro dato que deja el año 2018 es que apenas el 15,6% de los jóvenes vive en solitario. Las mujeres en ese rango de edad lo tienen aún más complicado, ya que solo el 10,4% vive en hogares unipersonales, mientras que en el caso de los hombres lo hace un 23%.

 

En la mayoría de los casos, la autonomía residencial se consigue cuando se finaliza la etapa de formación, independientemente de cuál sea el nivel de estudios alcanzado. Solo las personas con estudios superiores terminados que siguen ampliando su capital curricular poseen una tasa de emancipación similar a la del conjunto de la población joven (18,7%).

 

Además, el informe precisa que el nivel de estudios de la población joven en España es cada vez más alto. De hecho, en tan solo un año, ha aumentado un 2,91% la cifra de personas con estudios secundarios postobligatorios terminados, mientras que la de aquellas que han terminado estudios superiores ha subido un 7,26%.

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