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Viernes, 12 de abril de 2019 | Leída 139 veces
CULLEREDO

Charlas sobre drogodependencia dentro del programa ‘Semana da Saúde’ en el IES Universidade Laboral de Culleredo

Durante la jornada de ayer, jueves 11 de abril, los escolares pudieron escuchar el desgarrador testimonio en primera persona de Ricardo Seoane Bustelo. “No somos la generación perdida, somos la generación muerta”, apuntaba Ricardo. Las sesiones se repartieron en tres turnos, para abarcar el máximo número de alumnos posibles…

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A lo largo de la semana, el I.E.S. Universidade Laboral de Culleredo organiza la ‘Semana da saúde’, y dentro de este programa están enmarcadas una serie de actividades relacionadas con los hábitos saludables y perjudiciales para las personas de edades comprendidas entre 14 y 22 años, aproximadamente.

 

Ayer, jueves 11 de abril, los alumnos de secundaria y ciclos formativos pudieron asistir al desgarrador testimonio de Ricardo Seoane Bustelo, a punto de cumplir cuarenta años y que ahora se dedica a rememorar aquel infierno que empezó con 13 años de edad.

 

En su experiencia personal, Ricardo cuenta que empezó con tres de sus mejores amigos. Aquella tarde, cayeron en sus manos un sobrecito de materia blanca y otro de materia tirando más bien a ‘marroncito’. De aquellas cuatro personas, tan solo dos pueden contarlo a día de hoy.

 

“Nunca he visto nada cobrarse tantas vidas como la droga, jamás. La heroína es una marineta que te mete la mano por la espalda y maneja tu vida a su antojo”. Frases como estas interpelaban ante un público atónito por todo este mensaje, tan duro pero tan real, que les estaba llegando.

 

“Nos creíamos invencibles, invulnerables. Chantajeábamos a nuestros padres, y empezábamos en el ciclo vicioso de: levantarse, tener el mono, robar para drogarse, drogarse…y así día tras día”. Según Ricardo, “no somos la generación perdida, somos la generación muerta”, que es muy distinto. Aboga por romper las cadenas de eufemismos que hay alrededor del mundo de la drogodepedencia. “A mi se me murió uno de mis mejores amigos en mis brazos”, apuntaba con unas desgarradoras palabras llenas de crudeza, y de golpe de realidad.

 

Recalcaba también, que hay una inconsciencia terrible a nivel social con respecto a la droga. El típìco “yo lo dejo cuando quiero”, el mítico “por hoy no pasa nada”. Pero la verdad es que él va a ser un drogadicto toda su vida, la heroína le ha apresado. Él ha decidido ganar la batalla, pero hay que lucharla día tras día.

 

“Si queréis tener una buena sonrisa, no os droguéis. Si queréis respirar bien por la nariz, no os droguéis. Voy a ser sincero con vosotros, porque siempre lo soy: hoy me he levantado nervioso por venir a dar esta charla, y en lo primero que he pensado es en meterme. ¡Qué bien me vendría un tiro!”, espetaba Ricardo.

 

Al finalizar su intervención, Ricardo se quitaba las gafas de sol, que a todos nos llamaron la atención en la sala. Ya completamente limpio, sufrió un encontronazo con un maleante, quien le puso un rifle en la cara. Forcejeando con él, tuvo la mala suerte de que la bala le entró por la cuenca de su ojo derecho. ¿Y sabéis qué? “No veo de un ojo, pero veo del otro”, y volvería a perderlo si me diesen la oportunidad de despertarme y no ser la heroína mi primer pensamiento.

 

A Ricardo le acompaña su padre, un hombre valiente y que lo dio todo por su hijo mediano, profesando un amor como solo un padre puede hacerlo por un hijo. “Yo no estaría aquí si no fuese por mi padre”, comenta orgulloso. “Él es un auténtico héroe”.

 

Golpes de realidad como este buscan concienciar a nuestra sociedad, concretamente entre los grupos de edad más vulnerables a la caída dentro de estos círculos. Gracias a la labor de personas como Ricardo, que ha conocido lo peor de la vida, y que ahora transmite sus vivencias, podemos darnos cuenta de los peligros que atañen el “por un tirito no pasa nada”, o el “yo mañana lo dejo”.

 

Esto solo se consigue concienciando y educando, en entornos escolares y a cualquier nivel. Personas como Ricardo, implicadas al cien por cien en esto, son los verdaderos artífices de una lucha que viene de lejos, y a la que por desgracia, todavía le queda recorrido.

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