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Sábado, 8 de septiembre de 2018 | Leída 29 veces

Cuando el móvil entra en el aula: ¿complemento educativo o riesgo de adicción?

El Gobierno estudia prohibir el uso de teléfonos móviles en los centros escolares a los menores hasta 15 años siguiendo la estela de Francia, cuya medida entrará en vigor el próximo curso escolar. La ministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá, ha argumentado que hay "demasiados adolescentes muy adictos a la tecnología", por lo que van a analizar con expertos "si el tiempo escolar debe estar libre de esta adicción"...

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En la actualidad, cada centro educativo decide si permite o no el uso de estos dispositivos y muchos los utilizan como complemento para el aprendizaje. Aunque hay "opiniones encontradas" como ha adelantado Celaá, padres, profesores y expertos consideran que la medida es un proceso "muy complejo".

 

Mientras el sector educativo celebra la noticia y piden regular su uso, los padres están divididos ante la imposibilidad de poder contactar con sus hijos. Los expertos alertan de que la elevada penetración digital en los menores españoles está fomentando casos de acoso escolar, depresiones o adicciones tecnológicas y puede desembocar en fracaso escolar.

 

En España, el 91,4% de las aulas dispone de conexión a Internet, según los últimos datos del INE (2017) y los centros ven muchos beneficios educativos con las nuevas tecnologías: hacen más atractiva la información, permite a los estudiantes interactuar con datos y, a la larga, sirve para afianzar conceptos.

 

Pero son los datos del uso en menores los que hacen saltar las alarmas entre expertos: el 69,1% de los menores entre 10 y 15 años dispone de un teléfono móvil y el porcentaje crece hasta el 94% en el caso de los adolescentes de 15 años. Según dos estudios del Proyecto Hombre elaborados entre 2016 y 2017, el 80% de niños conoce casos de ciberacoso en su entorno y el 75% no es consciente de los riesgos asociados al uso de Internet.

 

Los profesores piden regular el uso

El presidente de la Asociación Nacional de los Profesionales de la Enseñaza (ANPE) Nicolás Fernández Guisado ve el análisis del Gobierno como una "buena noticia" pero matiza: "Regular, sí; prohibición absoluta, no, porque hay muchas circunstancias". Se refiere, entre otros motivos, a los estudiantes en centros rurales que necesitan el teléfono móvil para contactar con sus padres.

 

Fernández establece la edad inicial para tomar medidas en los diez años "porque los teléfonos son el regalo estrella en la comunión" y "no es necesario" su uso en el centro, si bien profesores y psicólogos educativos coinciden en los beneficios educativos en determinadas materias, como la Geografía. En cambio, la Confederación Española de Centros de Enseñaza (CECE), pero incide en que los móviles "no aportan nada y perjudican e influyen en la distracción de los alumnos".

 

Esta regulación pasa por distinguir entre el uso académico y el ocioso. La ANPE, que lleva "años pidiendo un plan de mejora de la convivencia educativa" al Ministerio de Educación, considera fundalmental tener en cuenta el abuso escolar y el mal uso que se puede dar a los dispositivos. De hecho, es "entre los 12 y los 18 años" cuando se manifiesta el problema de acoso, explica Fernández.

 

No obstante, el presidente destaca que es un asunto "muy complejo" con muchos matices por la "enorme diversidad del alumnado en distintos cursos". Además, no se trata solo de cuestionar el uso de teléfonos móviles, sino de tabletas y otros dispositivos para acceder a Internet. Con todo, recuerda que no es tan fácil prohibir su uso en las aulas porque ahora es cada profesor o tutor "el que decide si se pone en modo avión, se apaga o no se saca de la mochila".

 

Más adicciones a la tecnología

En 2013, el Proyecto Hombre atendió a tres menores por adicción a las nuevas tecnologías y en 2017, la cifra creció hasta los 51, según datos facilitados por el presidente del Proyecto Hombre en Cádiz, Luis Bononato.

 

Bononato considera que los ingredientes esenciales en el ámbito escolar son "educación, regulación y control", pero advierte de que "el 100%" de orientadores, profesores y padres que contactaron con la asociación en el pasado curso escolar mostró un "alto nivel de preocupación" por el uso de los smartphones en jóvenes. 

 

Bononato apunta a que la cifra de menores atendidos por el Proyecto Hombre "seguirá aumentando por la presión para usar el teléfono móvil" y ante la "falta de conciencia sobre el riesgo, la accesibilidad y la normalización". Según Bononato, los síntomas para detectar la adicción tecnológica son el aislamiento familiar y social, detectar un excesivo uso del dispositivo -la asociación calcula una media de cinco horas diarias en menores de 15 años-, la obesidad o la somnolencia en la escuela, "signo de una situación límite". Entre las consecuencias de un uso excesivo, los psiquiatras consultados apuntan al fracaso escolar o la depresión por la "desconexión o distorsión de la realidad".

 

Precisamente la falta de conciencia sobre el riesgo se pone de manifiesto en las grabaciones violentas o sexuales y, últimamente, adicciones a las apuestas online, destaca Bononato. El experto recomienda que los padres controlen el uso que hacen los menores de las redes sociales y dispositivos electrónicos y eviten su uso en comidas y durante el tiempo de estudio. Una de las causas más frecuentes para un uso excesivo del teléfono pasa por dos extremos: o los adultos "tampoco nos controlamos", o muchos padres "carecen de experiencia en redes sociales, Internet y ordenadores".

 

Padres divididos

La Confederación de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (CEAPA) está en contra del "mero hecho de que se pongan prohibiciones" porque "no son eficaces", según explica el vicepresidente, Antonio Martín; mientras que la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos (Concapa) está a favor por el impacto en los casos de acoso escolar. CEAPA considera que debe ser cada centro el que decida si permite el uso de teléfonos a los menores de edad pero señalan una contradicción: "muchos centros solicitan llevar el teléfono para trabajar".

 

Martín destaca que hay muchos casos en los que los estudiantes llevan el teléfono para conectarse a Internet "porque no tienen tabletas" y advierte de que si se restringe su uso en centros escolares, no se evita "que un niño utilice el teléfono fuera para lo que le dé la gana".

 

Por otro lado, CEAPA no considera que prohibirlo vaya a combatir las adicciones a la tecnología porque no se puede evitar que los menores utilicen los teléfonos móviles fuera del colegio, ni tampoco controlar qué hacen con ellos. Además, si un niño no puede llevar el teléfono a la escuela, "no puede contactar con los padres para que los vayan a recoger". Para Martín, el Gobierno debería tomar otras medidas en las aulas que pasan por la "ayuda a los padres para informar a los niños a que hagan un uso adecuado del teléfono".

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