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Martes, 27 de febrero de 2018 | Leída 0 veces

Arquitectura 3.0: sanar los edificios para que no perjudiquen nuestra salud

¿Puede el pomo de una puerta convertirse en un foco de bacterias perjudicial para la salud? Hasta ahora, ésta no es una pregunta que se plantea a la hora de construir...

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Al igual que en las décadas de los 70 y 80, se estilaban las moquetas en las casas y en las oficinas sin tener en cuenta la cantidad de bacterias que quedaban atrapadas entre sus fibras, que se iban acumulando con el paso del tiempo y que podían ser transportadas por quien las pisara. Otro ejemplo: el amianto, altamente cancerígeno, no fue prohibido hasta el año 2002.

 

Pero los edificios que nacieron hace décadas no se construían en términos de salubridad. Hoy en día, sin embargo, hay dos datos que ponen el foco en esta cuestión. El primero, es que el ciudadano medio pasa el 90% de su tiempo en espacios cerrados, ya sea el hogar, el trabajo, la escuela, el transporte, etc. El segundo, es que el ambiente en espacios cerrados está de media cinco veces más contaminado que el exterior. Son datos referidos a dos estudios sobre la calidad del aire; el primero, del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, y el segundo de la consultora PHS Serkonten.

 

El aire de los interiores puede contener bacterias y hongos como la legionela, compuestos orgánicos volátiles y persistentes, elementos químicos y radiaciones que hacen que, en conjunto, se hable de edificios 'enfermos'. En 1984, la Organización Mundial de la Salud ya afirmó que uno de cada tres edificios del planeta nos pueden estar perjudicando. Las formas son múltiples: desde malestar general, somnolencia o insomnio, hasta irritaciones oculares o de las vías respiratorias, catarro y otras enfermedades.

 

Materiales más o menos saludables

Bajo estas premisas, un despacho de arquitectura español comenzó a investigar hace tres años la calidad de los materiales empleados en la construcción y diseño de edificios y la forma de crear y remodelar construcciones de manera más saludable para los habitantes. Se trata del proyecto ‘Friendly Materials’, del despacho barcelonés PMMT, que trabaja principalmente con hospitales, clínicas y otros centros de salud.

 

“Los espacios menos saludables son los interiores”, expone a RTVE.es su director general, Patricio Martínez. Según él, esto se debe a que los materiales empleados “interactúan con el entorno, con el ambiente, y algunos generan sustancias nocivas”.

 

El director del proyecto divide en tres los grandes parámetros en los que se pueden medir la ‘salud’ que puede aportar un material. En primer lugar, si aporta o suelta sustancias al ambiente que son nocivas, como el PVC (policloruro de vinilo), muy utilizado para tuberías y revestimientos o para el aislamiento de las ventanas.

 

Otro parámetro es cómo reacciona el material con el ambiente, como los que tienen sustancias ‘fotocatalíticas’ que, como las plantas, convierten el CO2 en oxígeno gracias a la incidencia de la luz. Este componente está presente cada vez más en algunos revestimientos como las cerámicas o las pinturas y tiene la ventaja de ser antibacteriano y mejorar la calidad del ambiente.

 

El tercer y último parámetro está en la capacidad que tiene un material para ser limpiado. Martínez vuelve a poner de ejemplo las moquetas y la dificultad para eliminar las bacterias respecto a otras superficies planas. El terrazo o la cerámica, comenta, son buenos ejemplos de materiales saludables en este terreno.

 

Un 'cóctel químico'

Los Gobiernos, por lo general, cuentan con un registro de sustancias en base a su toxicidad. Algunas están prohibidas, como es el caso del amianto o asbesto. Otras están permitidas, pero la combinación de éstas en la fabricaciones de los materiales puede dar lugar a un ‘cóctel químico’ que afecte a la salud. Y, precisamente, porque todavía no existe un registro oficial de materiales de construcción, nació ‘Friendly Materials’.

 

“Tenemos un despacho de I+D, entre el 20% y el 30% del personal de nuestro despacho”, expone Martínez. Durante años, se han centrado en la accesibilidad universal de los hospitales y centros de salud para personas con diversidad funcional. Hace tres años decidieron investigar qué parámetros hacían más o menos saludable un material, para lo que comenzaron a investigar con químicos, biólogos e ingenieros para desarrollar un algoritmo y una bliblioteca de materiales puntuados del 0 al 100 en base de su salubridad.

 

Desde hace año y medio, su equipo ha comenzado a implementar estas innovaciones en distintos centros sanitarios, como la Clínica Girona, el Institut Marqués de fertilidad, y fuera de España en hospitales de Ecuador, Bolivia y Angola.

 

Hospitales 'saludables'

“Por suerte, en los hospitales, desde hace varios años, se intentan utilizar materiales más saludables”, expone Martínez. Sin embargo, en una nota del 1 al 10, estima que la media en salubridad de los hospitales está entorno al 5,5 o 6 y que todavía hay muchos elementos que podrían ser mejorados para llegar, al menos, al 8 y sin grandes inversiones.

 

Por ejemplo, las manecillas de las puertas de las consultas externas, que acumulan gran cantidad de bacterias de los pacientes que transitan por allí y que se pasan de unos a otros. Una composición con cobre eliminaría este problema al hacerlas antibacterianas. Otra forma de mejorar los centros sería sustituir el PVC de las habitaciones de hospital por materiales como el linóleo, el terrazo o las cerámicas, a las que califica como “muy saludables”. Martínez incide también en el foco de bacterias que suponen los brazos de las sillas de las salas de espera y que podría ser sustituido por otros materiales.

 

“Los lugares donde más tenemos que incidir son aquellos donde puede haber mucho intercambio de bacterias, o donde el paciente es muy sensible, como en las consultas externas o de especialidades, las áreas quirúrgicas y las UCIs”, considera.

 

Sin un alto coste

En los hospitales, precisamente, muchas salas se repiten, así como las habitaciones, salas de espera y pasillos. Hacer un análisis de ello es fácil si se toma una estancia de cada tipo como referencia y se estudian, “en base a datos objetivos y científicos”, los materiales que la componen, expone Martínez.

 

El director de ‘Friendly Materials’ estima que saber escoger los productos más adecuados no es cuestión de precio. “Entre una cerámica y un vinilo o PVC, hay precios muy parecidos”, compara, aunque reconoce que sí hay algunos materiales “muy tecnológicos” que incrementan el coste. “Pasar de una nota de 5 al 8,5 no cuesta mucho dinero; si quieres una matrícula de honor, sí necesitas más inversión”, concluye.

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