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Miércoles, 7 de febrero de 2018 | Leída 48 veces

Sierra Leona y Mali, la lucha de tres generaciones contra la mutilación genital femenina

La mutilación genital femenina (MGF) o ablación, práctica que consiste en extirpar o reseccionar cualquier tejido de los genitales a las mujeres por motivos culturales o religiosos -y no médicos-, pone en riesgo, cada año, a más de tres millones de niñas, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que denuncia que en países de África y Asia ya han sido mutiladas cerca de 200 millones de mujeres...

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La Cruz Roja estima, además, que alrededor de 30 millones de niñas pueden ser víctimas de esta violación de derechos humanos en los próximos 10 años. Uno de los países donde más se sufre la lacra de MGF es Mali, donde, según denuncian varias ONG, la mutilación afecta cada año en torno al 90% de las mujeres de entre 15 y 49 años, esto es, a 9 de cada 10 mujeres, 746 niñas al día que son, en muchos casos, menores de 5 años.

 

La práctica, que todavía se lleva a cabo en 29 países de África, Asia y Oriente Medio, presenta los índices más altos en países africanos, según denuncia la ONG Plan International: Guinea (97%), Egipto (92%), Sierra Leona (90%), Etiopía (74%) y Guinea Bissau (50%). También en España hay víctimas, casi 70.000 mujeres de países donde es común practicar la MGF, de las cuales más de 18.000 son menores de 14 años, según un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona. 

 

Aunque la MGF fue prohibida en los 50 países miembros de la Unión Africana en 2016, todavía se pone en riesgo la vida de millones de niñas en todo el mundo, que tienen que vivir con las secuelas físicas y psicológicas de haber sido sometidas al horror, en la mayoría de los casos, sin siquiera el uso de anestesia. La ONG Plan Internacional ha recopilado los testimonios de víctimas de Sierra Leona y Mali, que en sus relatos describen el dolor e intentan explicar por qué se sigue llevando a cabo esta práctica.

 

La ablación, una "tradición" para hacerse mujer

Selina, una joven de Sierra Leona, donde la MGF no está prohibida, todavía se emociona cuando se acuerda del "dolor y las chicas que estaban conmigo" en el momento en que le practicaron la ablación, cuando se sintió muy mal y no pudo parar de llorar. Un dolor que describe una de las cooperantes del Plan Mali de Plan International, Madina Bocoum, que explica que "las chicas se desmayan del dolor, que puede durar mucho tiempo". 

 

Pero, ¿por qué se hace? Según relata Ramatou, otra joven de Sierra Leona, "la tradición es muy importante". Otra víctima asegura que "si no pasas este proceso como las demás, no se te considera mujer". 

 

Esta tradición se enmarca en la cultura y las creencias religiosas de las comunidades donde se practica. Entre los motivos más habituales, la creencia de que se elimina la libido de la mujer y, por tanto, se garantiza la virginidad al llegar al matrimonio y la fidelidad.

 

"Yo misma, por ejemplo, fui circuncidada muy tarde porque mis padres no lo podían pagar. Antes de eso, ningún hombre se fijaba en mí porque mi cuerpo estaba 'sucio'", recuerda Ramatou. No obstante, la mujer se muestra tajante ahora y afirma a la ONG que no obligará a las mujeres de su familia a que se sometan a la práctica. 

 

Jeneva, una joven de Sierra Leona, consiguió escapar de la mutilación en varias ocasiones. "Un día, las amigas de mi abuela me cogieron diciendo que ya me tocaba. Me sujetaron mientras me golpeaban y rasgaban la ropa, pero con la poca fuerza que me quedaba conseguí escapar", rememora. Plan International ha lanzado una campaña de recogida de firmas para llevar este año al parlamento de Mali una petición para que se prohíba esta práctica en el país. 

 

Infecciones, menstruación irregular y dificultades en el parto

Según ha comprobado la OMS, las consecuencias inmediatas si hay complicaciones tras la ablación incluyen hemorragias, contagio de enfermedades infecciosas como el tétanos e incluso la muerte. A largo plazo, puede haber desequilibrios en la menstruación, infecciones o hemorragias en el aparato uriniario, dificultades en el parto, dolor al practicar relaciones sexuales o trastornos psicológicos que van desde la depresión hasta el estrés postraumático. 

 

Fatouma Camara, de 25 años, recuerda que tuvo "muchos dolores y problemas al dar a luz. Pensaba que era algo normal hasta que descubrí que la mutilación genital que sufrí de niña me había provocado esas complicaciones. No quiero que mi hija Awa pase por lo mismo", sentencia.

 

En 2012, la Asamblea General de Naciones Unidas se comprometió con eliminar la ablación genital femenina. Desde entonces, cientos de organizaciones en todo el mundo trabajan por concienciar a los residentes en países donde se considera normal, y brindan apoyo a las víctimas.

 

"La perseverancia es la única forma de luchar contra la mutilación. Somos nosotras, las mujeres de distintas generaciones, las que debemos ponernos de acuerdo para que esta costumbre tan arraigada acabe", explica Alima Coulibaly, maliense de 70 años, a Plan International. En la familia de Alima, que destaca que, durante años, la cuestión fue un tema tabú, aunque "ahora se organizan charlas en el centro del pueblo para informar a los jóvenes", su nuera y su nieta también fueron víctimas de la ablación.

 

"Antes nunca se hablaba de la mutilación, era un tema tabú. Ahora se organizan charlas en el centro del pueblo para informar a los jóvenes", cuenta Alima, sobre los talleres y charlas que organiza Plan International en Mali.

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