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Martes, 7 de noviembre de 2017 | Leída 0 veces

Cambiar el mapa global de los cultivos podría alimentar a 825 millones de personas más

Rediseñar el mapa global de la distribución de cultivos en las tierras de cultivo existentes podría permitir alimentar a 825 millones de personas más, mientras que se reduce significativamente el estrés hídrico en las áreas agrícolas, según un nuevo estudio publicado este lunes en Nature Geoscience...

[Img #43708]Los resultados del trabajo, que pretende abordar las necesidades de producción de alimentos y la sostenibilidad de los recursos de manera simultánea y a escala mundial, muestran que "hay muchos lugares donde hay ineficiencias en el uso del agua y la producción de nutrientes", dice el autor principal, Kyle Davis, investigador postdoctoral del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia, en Nueva York. A su juicio, esas ineficiencias podrían corregirse al intercambiar cultivos que tengan una mayor calidad nutricional y un menor impacto ambiental.

 

Se prevé que la demanda agrícola crezca sustancialmente en las próximas décadas debido al crecimiento de la población, las dietas más ricas y el uso de biocombustibles. Mientras tanto, se espera que el estrés hídrico empeore con el cambio climático y que los acuíferos mundiales se agoten rápidamente.

 

En un intento por abordar estos desafíos, los autores analizaron los modelos de uso del agua de los cultivos y los mapas de rendimiento de los 14 principales cultivos alimentarios.

 

Optimizar la producción de secano y el consumo de agua

Los científicos estaban específicamente interesados en identificar las distribuciones de los cultivos que harían que la producción de secano sea menos susceptible a los periodos de sequía y reducir el consumo de agua en los sistemas irrigados.

 

Optaron por centrarse en 14 cultivos que representan el 72% de todos los cultivos cosechados en todo el mundo: cacahuete o maní, maíz, mijo, aceite de palma, colza, arroz, raíces, sorgo, soja, remolacha azucarera, caña de azúcar, girasoles, tubérculos y trigo. No se incluyeron frutas y verduras porque no se disponía de buenos datos sobre sus necesidades de agua.

 

A nivel mundial, estos mapas permitirían reducir el consumo de agua de lluvia en un 14% y el agua de riego en un 12%, además de producir un 10% más de calorías y un 19% más de proteína, suficiente para alimentar a más de 800 millones de personas. En concreto, estas mejoras se lograrían al aumentar drásticamente la producción de cacahuetes, raíces, soja, sorgo y tubérculos y disminuir los de mijo, arroz, azúcar y trigo, que consumen más agua y tienen menores rendimientos de calorías y proteínas por hectárea.

 

Pero los cambios específicos varían ampliamente según el país y el tipo de uso del agua debido a las diferencias en el clima local, las características del suelo y los rendimientos de los cultivos. Por ejemplo, sorgo de secano, soja, tubérculos y trigo podrían reemplazar al mijo, la remolacha azucarera y el girasol en el oeste de Rusia. El maíz, el mijo, las raíces y los tubérculos de regadío suplantar al arroz, el sorgo y el trigo en el norte de India.

 

Ahorro del 20% de agua en 42 países

El estudio identificó redistribuciones de cultivos que generarían un ahorro sustancial de agua -al menos el 20% de la demanda de agua para la producción agrícola- para 42 países, muchos de los cuales ya están bajo estrés hídrico significativo. Estos incluyen Australia, India, México, Marruecos y Sudáfrica. También se lograron grandes ahorros de agua en importantes centros agrícolas mundiales, como el Valle Central de California, el delta del Nilo, el sureste de Australia y la cuenca indogangética.

 

Sin embargo, independientemente de la elección de cultivos, la escasez de agua persistió en otras áreas agrícolas importantes, como el medio oeste de Estados Unidos.

 

Aumento del 20% de producción energética en otros 63 países

Para otros 63 países, la mayoría de los cuales dependen en gran medida de las importaciones de alimentos para alimentarse, las redistribuciones generarían un aumento de más del 20% en la producción de calorías o proteínas, elevando la autosuficiencia alimentaria. Estos incluyen Etiopía, Irán, Kenia y España, entre otros.

 

En los últimos años, algunos investigadores han abogado por satisfacer la creciente demanda mundial de cultivos mediante tecnología o aumentar el uso de agua y fertilizantes.

 

Sin embargo, las grandes inversiones en tecnología estarían fuera del alcance de los pequeños agricultores rurales y muchos de los métodos de eficiencia hídrica, como aumentar la eficiencia del riego y plantar cultivos de mayor rendimiento, disminuir las proteínas animales en las dietas y minimizar los residuos de los alimentos, apuntando importantes barreras para su aplicación, según el estudio, como cuestiones económicas, relacionadas con la salud, infraestructurales y medioambientales.

 

Un modelo 'ideal', al margen de factores políticos o económicos

El modelo de distribución de cultivos del nuevo documento no requeriría inversiones masivas de tecnología, ni daría lugar a una pérdida de diversidad de cultivos o nutrientes del suelo, que de lo contrario podrían hacer que la agricultura sea más vulnerable a la sequía, las plagas y otros impactos. Aún así, Davis dice que los hallazgos son realmente solo un punto de partida, no una solución final.

 

La investigación no tuvo en cuenta las posibles barreras culturales o políticas, la oferta y demanda del mercado, las preferencias dietéticas o los patrones de consumo, que tendrían que ser examinados en futuras investigaciones. Los hallazgos "se pueden usar como una de varias herramientas para hacer que los sistemas alimentarios sean más sostenibles", propone Davis, quien está realizando un estudio de seguimiento en India, donde el arroz y el trigo cuentan con grandes subsidios.

 

Davis y sus colegas están examinando el impacto que el intercambio de cereales tradicionales de alto contenido nutritivo en el programa de subsidios tendría sobre el uso del agua y la producción de nutrientes, cómo estos cereales alternativos tendrían que ser valorados para competir en el mercado y cómo los patrones de consumo y las preferencias alimentarias pueden influir en su adopción.

 

"Si pensamos en los aspectos económicos, sociales y ambientales de la seguridad alimentaria en un país en particular y trabajamos en estrecha colaboración con los responsables de la toma de decisiones locales, podemos crear soluciones adaptadas a las necesidades y los objetivos de las personas de ese país", concluye Davis.

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