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Miércoles, 14 de diciembre de 2016 | Leída 24 veces

Lamiya Aji Bashar y Nadia Murad piden ayuda para llevar al Dáesh ante la Justicia Internacional

"Conseguí escapar, y antes de llegar a un lugar seguro mi amiga pisó una mina y pude oir sus gritos de dolor mientras fallecía. Fue lo peor que he oído en toda mi vida". Así relata su fuga de las garras del Dáesh la refugiada yazidí Lamiya Aji Bashar ante el Parlamento Europeo (PE). Sus palabras resuenan en la ceremonia de entrega este martes del premio Sájarov 2016 a la Libertad de Conciencia, que este año Lamiya comparte con Nadia Murad, otra refugiada yazidí...

[Img #40481]"Cuando el Dáesh llegó mataron a todos los hombres. Yo tenía 15 años, nos separaron de las mujeres mayores y las mataron. Me compraron y vendieron cuatro veces. El último fue un médico iraquí (...) Nos torturaba todos los días. Violaba a niñas de nueve años, y a mí también", explica la joven de 19 años y algunos asistentes no pueden contener las lágrimas. Nadia, de 23 años, añade cómo su madre fue asesinada por ser "demasiado mayor para ser vendida, sin valor en el comercio de mujeres".

 

Lamiya huyó junto a una compañera de cautiverio a través de un campo minado, donde un mal paso acabó con la vida de su amiga, como ha relatado, y la dejó ciega. Pero también abrió una puerta que ha convertido su voz "en la voz de todos los yazidíes ante el mundo". En Alemania pudo ser intervenida para recuperar la visión de un ojo y emprender el activismo, junto a Nadia, para "ser la voz de los que no tienen voz".

 

Justicia por el genocidio yazidí

Dos años después de su captura "hay más de 3.500 mujeres y niñas esclavas del Dáesh. Cada día mueren y sus restos se acumulan al aire libre, sin sepultura", denuncia Lamiya. Tanto ella como Nadia han pedido este martes apoyo internacional para llevar al Estado Islámico ante el Tribunal Penal Internacional (TPI) por el genocidio al pueblo yazidí y para establecer una zona de protección para las minorías en Irak.

 

"Esperamos del Parlamento Europeo y del mundo que lleve el genocidio de los yazidíes hasta el Tribunal Penal Internacional para hacer justicia y que rinda cuentas el autodenominado Estado Islámico para que evitar que en el futuro no se comentan estas atrocidades", clamó Aji Bashar en su discurso ante la sesión plenaria del PE.

 

"Creo -añadió en su alocución Murad- que la comunidad internacional tiene que establecer además una zona o zonas de seguridad para estas minorías en Irak, coordinadas por el Gobierno iraquí y las autoridades del Kurdistán". Y si no, continuó Murad, "pido a Europa que abra sus puertas a los yizadíes como ocurrió tras el Holocausto".

 

"Mi comunidad está hoy desintegrada", ha lamentado Nadia Murad. "75.000 yazidíes tuvieron que emigrar a Alemania, y tenemos que reconocer a Alemania haber abierto sus puertas", ha agradecido.

 

Martin Schulz: "Son heroínas"

Murad y Aji Bashar, que recogieron el galardón ataviadas con el traje típico de su comunidad, son "heroínas", aseguró un "emocionado" Martin Schulz, presidente del PE, quien ofreció a los yazidíes el respaldo de la Eurocámara para que el genocidio de este pueblo, "uno de los más antiguos de la Humanidad", llegue ante el TPI, para que esos crímenes "no queden impunes".

 

Schulz destacó la presencia en el plenario de familiares y amigos de las premiadas, entre ellos el hermano pequeño de Lamiya, quien estaba en un campamento de refugiados y ayer se reencontró con ella en Estrasburgo.

 

También asistieron a la ceremonia los otros finalistas al premio: el periodista turco Can Dundar y el activista tártaro Mustafa Dzhemilev. El año pasado la Eurocámara distinguió al bloguero Raf Badawi, preso por "insultar al Islam" en Arabia Saudí, que "sigue encarcelado", ha recordado Schulz, quien exhortó a las autoridades del país a ponerlo en libertad de forma "inmediata".

 

Orgullo y dignidad

Nadia Murad y Lamiya Aji Bashar agradecieron en una entrevista con Efe un galardón que devuelve "el orgullo y la dignidad" a los yazidíes y se lo dedicaron a todas las víctimas del grupo terrorista Estado Islámico (EI).

 

"Este premio va en contra de los objetivos que persigue el Dáesh (acrónimo en árabe del EI), ya que quieren erradicar a los yazidíes y cuando nos capturaron querían quitarnos nuestro honor, dignidad y orgullo. Este premio nos ha devuelto el orgullo y la dignidad, y por ese motivo se lo quiero dedicar a todas las víctimas en el mundo de Dáesh u otros grupos" yihadistas, afirmó Murad.

 

El Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia es "un orgullo y queremos dedicarlo a todas las mujeres y niñas que fueron capturadas por el Dáesh", ha dicho durante la ceremonia de entrega Aji Bashar.

 

Una minoría con 4.000 años de antigüedad

Los yazidíes son una minoría religiosa cuyas raíces se remontan a 4.000 años de antigüedad, asentada principalmente en el Kurdistán iraquí y masacrada por el EI, que la considera "adoradora del diablo".

 

Ambas premiadas son originarias de Kocho, un pueblo de la región montañosa de Sinyar, al noroeste de Irak, cerca de la frontera con Siria, un enclave estratégico entre Raqa (Siria) y Mosul (Irak), las capitales del autoproclamado "califato" del EI. Los yazidíes de esa región sufrieron, hace dos años y medio, uno de los primeros genocidios del siglo XXI.

 

Tanto Murad como Aji Bashar vieron como el 3 de agosto de 2014 los yihadistas asesinaban a la mayor parte de sus familias, mientras que ellas eran capturadas con sus hermanas y usadas, intercambiadas o vendidas como esclavas sexuales.

 

Nadia logró fugarse después de tres meses de cautiverio y Lamiya logró desprenderse de las garras de sus torturadores solo en abril pasado, tras 20 meses de suplicio, con el agravante de que en su regreso resultó gravemente herida al atravesar un campo minado. "El dolor -dijo- aún sigue aquí, aunque hayamos sido liberadas del cautiverio y del Dáesh; todavía hay 3.500 mujeres cautivas".

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